lunes, 6 de junio de 2011

Carta Respuesta a la de Leticia y Tom, escrita por la madre Eugenia Bollón.

Estimados Leticia y Tom:


os escribo sólo como un miembro más del AMPA, preocupada por el colegio e implicada (en la medida que puedo, pertenezco al Consejo Escolar)) en él. Soy, además, madre de un niño con discapacidad (detectada al principio del pasado curso)


Desconozco exactamente qué información te ha llegado acerca de las situación del colegio en cuanto a la escolarización de los niños de tres años. Te hablaré de los datos que yo tengo y de la situación de las clases de tres y cuatro años, donde tengo a mis hijos.
El colegio dispone de todos los medios de los que dispone la Administración para escolarizar a niños con discapacidades. Es cierto que teóricamente se reservan tres plazas para alumnos con discapacidad cada año.


El problema es que la discapacidad o las necesidades especiales no siempre se detectan antes de la escolarización de los niños, si no durante la misma (le pasó a mi hijo), con lo cual, el número de niños que necesitan de los recursos del colegio (logopeda, PT...) es probable que aumenten a lo largo del período de infantil (sobre todo en tres o cuatro años).

Esto se traduce en que el profesorado específico (logopeda) tiene a su cargo a 28 niños a los que tiene que atender individualmente. Como veis, el número es incluso mayor que el de la ratio por aula (en lo que estoy de acuerdo totalmente con vosotros, me parece una BARBARIDAD tener a 25 niños (especialmente en infantil) por aula con un sólo tutor, en mi opinión hacen falta MENOS ORDENADORES Y MÁS PROFESORES, o sea una ratio menor).

Os puedo decir de primera mano que la logopeda , que es una profesional estupenda y ampliamente reconocida en su labor, está totalmente sobrepasada de trabajo. Cargar al personal específico de más trabajo aún y no sólo eso, sino intentar integrar a 4 niños con necesidades especiales en aula con otros 21 niños más (de los que a lo mejor surge alguna necesidad más) y una sóla tutora es, en mi opinión, perjudicial para todos, para todos los niños en primer lugar, para el tutor que toque y para el colegio. Seguro que esta´réis conmigo de acuerdo en que eso, no es integración. Y os lo digo con conocimiento de causa, porque en cuatro años ha habido este año un problema grave con un niño que requería toda la atención de los especialistas durante toda la mañana, algo, que, lógicamente, era imposible y habido serios problemas con los padres, porque reclamaban toda la atención para su hijo, en detrimento, claro está, del resto de los alumnos.

Yo particularmente, cuando estuve buscando colegio para mis hijos, buscaba no tanto la proximidad a mi domicilio (de hecho tampoco es que lo tenga al lado), aunque lo veo importante, como un colegio que me ofreciera una educación abierta para mis hijos, donde los idiomas tuvieran peso y con una directiva accesible y cercana al alumno y a los padres. Me gustaba mucho también que fuera un colegio con niños de diversas necesidades, porque es indudablemente más enriquecedor en su formación personal; ya os comenté al inicio de la carta que el problema de mi hijo no se detectó hasta comenzado el curso, o sea que él no ocupó una plaza de las reservadas a niños con discapacidad.
Quizás la lucha de todos nosotros esté entonces en conseguir que, como recoge la ley, TODOS los centros docentes, públicos y concertados, estén obligados a escolarizar a niños con discapacidad desde los tres años y que se establezca una RATIO GLOBAL de alumnos con necesidades especiales por centro, y no por aula.


La Administración tiene que asumir sus compromisos de INTEGRACIÓN PARA TODOS LOS CENTROS y si en los colegios concertados, tan solicitados en Cádiz, se quedan niños fuera porque se sobrepasa el número de plazas vacantes, y la ley ampara al Colegio claramente en esto, igualmente en los centros en que se sobrepasara la ratio global de alumnos con necesidades especiales, debería de ampararle la ley de manera tan clara como en el caso de esos colegios tan solicitados por los padres. Y ese es el problema del Carola, que está claramente saturado y, desde luego, así no se puede dar a los niños una enseñanza de calidad.
Atentamente,
María Eugenia Bullón Fernández

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